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Posts etiquetados ‘Enrique VIII’

Hacia la primavera de 1537, Cromwell llevaba tiempo planeando una nueva alianza de Inglaterra con España. Era consciente de que los acontecimientos de los últimos años (el divorcio de Enrique VIII con Catalina de Aragón y la ruptura con la Iglesia de Roma) habían enturbiado las relaciones entre ambos países.

Inglaterra contaba entonces con un emisario en la corte imperial: el Dr. Pate, un sacerdote. Nadie en su sano juicio esperaba de él que crease una alianza con España al mismo tiempo que defendía el divorcio de Enrique, su nueva posición como cabeza de la iglesia de Inglaterra, y la ilegitimidad de la princesa María (prima de Carlos I). Era necesario designar un nuevo embajador.

Thomas Cromwell

Thomas Cromwell

Thomas Wyatt apenas tenía experiencia diplomática (en su juventud había asistido a Sir Thomas Cheney en Francia y a Sir John Russell en Italia). ¿Por qué entonces, habiendo candidatos con más experiencia, fue el hombre elegido por Cromwell para una misión tan delicada?

Principalmente por dos razones: la primera, que Wyatt le debía la vida (Cromwell había evitado que lo ejecutaran en mayo de 1536), por lo que su lealtad estaba garantizada; y la segunda, que era el mejor poeta de Inglaterra.

Fue enviado a España como “personalidad de gran reputación”. Cromwell estaba convencido de que impresionaría a los españoles: dominaba varios idiomas y, como poeta, estaba acostumbrado a utilizar el lenguaje de forma ingeniosa.

Wyatt sabía que lo enviaban a una misión casi imposible:

Nunca solicité la embajada, pero la obediencia debida a mi señor me impidió rechazarla.

Le sobraban razones para no desear el puesto. Por primera vez, el embajador inglés tenía que actuar sin el apoyo de una estructura oficial: “sin más consejero que mi alocada cabeza“. Además, Wyatt se veía obligado a dejar sus asuntos personales en manos de otros (de forma un tanto negligente, según Cromwell). También estaban la añoranza por su país y la sensación de exilio forzoso. Pero lo peor, a juicio de Wyatt, era que debía costearse él mismo los gastos.

Siempre había tenido cierta predisposición hacia el despilfarro. La muerte de su padre lo había convertido en uno de los hombres más ricos de Inglaterra, pero solo en tierras: aún debía una importante cantidad de dinero a la Corona. El Tesorero Real intentó (en vano) cobrar la deuda antes de que partiese hacia España, y una vez más Cromwell intervino en favor de Wyatt.

Salió hacia España, vía París, la primera semana de abril de 1537. Los acontecimientos en Europa se habían precipitado en contra de Inglaterra: tras décadas de disputas territoriales, se rumoreaba que Francia y España estaban a punto de firmar un tratado, auspiciado por Roma.

El Papa Pablo III había encargado la misión de paz al cardenal Reginald Pole, antiguo protegido del rey, descendiente de la dinastía Plantagenet y serio aspirante al trono de Inglaterra. Era el peor escenario posible para Enrique, que con sus acciones se había convertido en blanco de las iras de la Europa católica. Debía evitar a toda costa que Francia y España se aliasen con Roma en contra de Inglaterra. Las vidas de Wyatt y Pole estaban a punto de cruzarse.

El cardenal Reginald Pole

El cardenal Reginald Pole

En París, Wyatt se reunió con los embajadores de Inglaterra en Francia: Stephen Gardiner, obispo de Winchester, y Sir Francis Bryan, otro eminente poeta. Bryan estaba decidido a asesinar a Pole, que también se encontraba en Francia. Pero el cardenal fue alertado del peligro y logró escapar.

Thomas Wyatt llegó a Valladolid el 21 de junio de 1537. Según fuentes de la época, se presentó ante el emperador

sin pompa ni alarde de sí mismo, sino con palabras sobrias y discretas, como un hombre sabio.

Había recibido instrucciones muy precisas de Cromwell:

  • Comprobar la “profundidad del afecto del emperador” por Inglaterra.
  • Investigar el alcance del compromiso entre España y Francia.
  • Si el tratado entre ambos países fuese inevitable, postularse como intermediario y eliminar a Roma (o al cardenal Pole) de la ecuación.
  • Evitar bajo cualquier concepto una alianza del eje España-Francia-Roma.
  • Negociar los matrimonios con nobles españoles de las princesas María e Isabel.
  • Evitar el matrimonio entre la sobrina del emperador, la duquesa de Milán, y uno de los príncipes franceses.

Para todo ello, Wyatt no contaba con más recursos que su ingenio y sus dotes de persuasión.

A los españoles no les interesaban las alianzas matrimoniales con Inglaterra. Hasta que en octubre de 1537, la muerte de Jane Seymour colocaba de nuevo a Enrique “en el mercado”. La posibilidad de que el rey de Inglaterra se casase con la duquesa de Milán puso en alerta a los franceses. Wyatt se vio inmerso en una ardua negociación en la que el emperador jugaba a dos bandas, prometiendo el estratégico ducado de Milán tanto a Inglaterra como a Francia.

La Duquesa de Milán

La Duquesa de Milán

A Carlos I le gustaba hablar con Wyatt. Ningún otro embajador era convocado tan a menudo, y su relación empezó a despertar los recelos de los franceses. En el verano de 1538, una delegación francesa viajó a Inglaterra con la misión de desprestigiarlo, acusándolo de estar al servicio del emperador y no de Enrique. En aquella época, Wyatt escribió:

El rey debería enviar (como embajador) a aquel en quien confíe, o confiar en aquel que ha enviado.

Pero nada era más sencillo que despertar las sospechas del monarca inglés.

Enrique ordenó a Edmund Bonner, futuro obispo de Londres, viajar a España con la excusa de ayudar a Wyatt en su embajada. Su verdadera misión era espiarlo e informar de su comportamiento. Bonner pasaría a la historia con el sobrenombre de “el Sanguinario”, y sería tristemente célebre por quemar católicos durante el reinado de Enrique y protestantes durante el de María.

Bonner torturando a un prisionero

Grabado que muestra a Bonner torturando a un prisionero

Bonner resultó ser un espía aceptable, pero un terrible diplomático. Sus modales bruscos, su vanidad y su torpeza con los idiomas lo convirtieron en un personaje grotesco a ojos de los españoles. El propio Wyatt se avergonzaba de que lo vieran con él. Temeroso de que estropeara las negociaciones con el emperador (no dominaba el francés, idioma que hablaba Carlos I), le impidió entrar en la sala de audiencias. Ese gesto sería catastrófico para Wyatt.

En el verano de 1538 se celebró en Niza una conferencia de paz entre Francia y España. Pese a los esfuerzos diplomáticos de Inglaterra, Roma fue la mediadora. A Wyatt se le agotaban los recursos. Temiendo que se estuviese fraguando un ataque contra Enrique, organizó un encuentro con el cardenal Pole. Un nuevo error.

Cuatro días antes de la llegada del rey Francisco I a Niza, Wyatt fue enviado a Inglaterra con una propuesta de matrimonio para Enrique. El emperador le prometió que no cerraría ningún trato con los franceses si regresaba con una respuesta antes de 25 días. En teoría, la empresa era posible; pero el mal tiempo retrasó a Wyatt. Cuando volvió a Niza, era demasiado tarde. En Londres, Cromwell empezó a valorar una alianza con los luteranos, formalizada a través del matrimonio de Enrique con Ana de Cléveris.

Ana de Cléveris

Ana de Cléveris

En otoño de 1538, Enrique estaba furioso con sus embajadores en Francia y España. Sospechaba que Gardiner o Wyatt habían alertado al cardenal Pole del plan para asesinarlo:

¡Por Dios! No hablaré con Francia hasta que tenga allí a un nuevo embajador: el Dr. Bonner. Los otros me han fallado y se han dejado seducir por Wyatt, con quien no estoy contento.

En cuanto Bonner tomó posesión de su puesto como nuevo embajador en París, escribió una carta a Cromwell enumerando las “faltas” de Thomas Wyatt: era uña y carne con el emperador; hablaba a solas con Granvela, el consejero imperial; no le dejaba leer la correspondencia que mantenía con su ayudante, John Mason; alternaba con prostitutas, etc. Los historiadores hablan de esta carta como la “Acusación del obispo Bonner“.

Siendo Wyatt un reconocido evangélico, Bonner no se atrevió a acusarlo de “papista”; pero sí lo hizo indirectamente, al señalar a su ayudante. Esperaba que, de esa forma, Wyatt fuese imputado por asociación.

Respecto a esta acusación, Wyatt tenía otro problema: su amante oficial, Elizabeth Darrell, era católica. Antigua dama de compañía de la reina Catalina, se negaba a renunciar a su fe. Su supervivencia en la Corte podría haber sido la recompensa a Wyatt tras una hipotética declaración contra Ana Bolena en 1536. Cuando se fue a España, Wyatt dejó a Elizabeth al servicio del Marqués de Exeter.

Cromwell recibió la carta de Bonner a principios de septiembre de 1538. De haber querido, podría haber apresado a Wyatt. Pero se limitó a  interrogar a Mason, que por aquel entonces estaba de paso en Inglaterra. Escribió una carta explicando a Wyatt que su ayudante se retrasaría debido a una repentina enfermedad. Sabía que entendería el verdadero motivo de la demora.

Wyatt se encontraba en Toledo, y se había hecho una buena idea de lo que se tramaba contra él. En noviembre de 1538, llegó a España la noticia de las detenciones de la madre y el hermano de Reginald Pole, junto con el Marqués de Exeter. El cerco en torno a Wyatt se cerraba. La acusación más grave hacía referencia a su reunión con Pole en Niza. Elizabeth, que fue interrogada al respecto, declaró que nunca llegaron a encontrarse debido a la mutua antipatía que se profesaban.

Al no recibir noticias de Elizabeth, Wyatt temía que la hubiesen detenido. Se cree que escribió a Cromwell, y que éste quemó la carta por su contenido potencialmente incriminatorio. Solo se conserva la respuesta, en la que Cromwell explica que Exeter había sido conducido a la Torre, junto con “algunos sirvientes sin importancia“. Es decir: Elizabeth estaba a salvo.

En el invierno de 1538, Wyatt estaba de los nervios. Cromwell le prohibía abandonar España en el peor momento para ser embajador inglés en el país. La tumba de Santo Tomás Becket (un mártir católico) había sido profanada. Los españoles estaban furiosos, y se rumoreaba una respuesta armada. Una vez más, el Papa envió al cardenal Pole para espolear los ánimos contra Enrique VIII.

Tumba de Santo Tomás Becket en Canterbury

Tumba de Santo Tomás Becket en Canterbury

En un entorno completamente hostil, Wyatt cambió de forma drástica su estrategia diplomática: de “amigo de los españoles” pasó a ser una voz crítica dentro de la corte imperial. Defendía públicamente a Enrique y atacaba con ferocidad a Pole y al Papa. Se aseguró de que todos tuviesen claro que era leal a Inglaterra.

La campaña de desprestigio de Pole tuvo el efecto deseado (el cardenal no fue bien recibido en España), pero Wyatt se ganó una advertencia de Carlos I: si no tenía cuidado con lo que decía, la Inquisición podría iniciar un proceso en su contra por herejía. Wyatt estaba desesperado: sus compatriotas ingleses querían cortarle la cabeza por papista, y los españoles querían quemarlo por hereje. Pese a todo, reafirmó su lealtad a Enrique planeando un nuevo intento de asesinato de Pole.

En abril de 1539, tras casi dos años en España, Wyatt no podía más. Envió una enigmática carta a Cromwell, en la que afirmaba estar en conocimiento de una información de gran importancia para el rey, que solo podía comunicarse en persona. En otras palabras: no iba a esconderse durante más tiempo; estaba dispuesto a hacer una declaración detallada sobre sus acciones como embajador en la corte imperial.

Wyatt abandonó España el 3 de junio de 1539, en cuanto su sucesor (Richard Tate) se instaló en Toledo. En Inglaterra le esperaban 18 de meses de calvario. Y una nueva visita a la Torre de Londres.

- Fuente principal:  SHULMAN, NICOLA. “Graven with Diamonds. The Many Lives of Thomas Wyatt: Courtier, Poet, Assassin, Spy“. Short Books, 2011.
- Fuente secundaria: “The Poetical Works of Sir Thomas Wyatt”. Text edited by Charles Cowden Clarke. Edinburgh, 1868.

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Graven with diamonds” es una excelente introducción a la obra de Thomas Wyatt. Nicola Shulman pasa por alto los puntos débiles de Wyatt y se centra en sus fortalezas: una poderosísima personalidad poética, la intensa experiencia que transmite al lector y, sobre todo, el uso de la poesía como arma para cambiar el mundo. Escrito de forma amena y accesible, el estudio de los poemas se aleja de la crítica tradicional; lo más importante para Shulman no es qué o cómo escribía Wyatt, sino por qué.

Ese es el objetivo principal del libro: buscar el motivo oculto detrás de cada poema, de cada verso, relacionando así la obra de Wyatt con su situación personal y el convulso momento político que le tocó vivir. Buen ejemplo de ello es el poema “Blame not my lute” (No culpes a mi laúd). Shulman recupera una teoría según la cual Wyatt utiliza el laúd como una alegoría de la libertad de pensamiento: al romperse sus cuerdas sabemos que el poeta ha sido silenciado, obligado a callar (tal vez por una amante, o quizá por el Rey).

Blame not my Lute!
My Lute and strings may not deny
But as I strike they must obey;
Break not them then so wrongfully,
But wreak thyself some other way;
And though the songs which I indite
Do quit thy change with rightful spite,
Blame not my Lute!

Para analizar la obra de Wyatt, Shulman describe detalladamente la vida en la Corte de los primeros monarcas Tudor (Enrique VII y Enrique VIII), un tiempo de inmensos cambios, considerado nefasto para el canon de la poesía inglesa. La guerra civil y la inestabilidad política provocaron que no hubiese ningún gran poeta inglés durante más de 150 años, de Chaucer a Shakespeare. Y entre ambos se sitúa Thomas Wyatt: un hábil traductor que utilizaba las palabras de otros autores para expresar lo que quería decir, con calculadas variaciones que cambiaban por completo el sentido de los versos originales.

Considerado un poeta mediocre por la mayor parte de los críticos, la fama de Thomas Wyatt se debe a que fue precursor del soneto en lengua inglesa. Pero Shulman argumenta que no sólo fue un maestro de la sutileza y de la síntesis (en un tiempo en donde la “moda” imponía un lenguaje recargado) sino que además modernizó la poesía amorosa, “sacándola” de la Edad Media. Su introspección amorosa lo relaciona con otro gran poeta inglés: John Keats.

Aunque al lector de hoy en día pueda sorprenderle, los poemas de Wyatt tenían vida propia. No fueron compuestos para publicarse, sino para ser susurrados al oído, o para ser intercambiados de forma secreta entre un selecto círculo de no más de 100 personas. Uno de los manuscritos en los que se conservan los poemas de Wyatt es el Ms. Devonshire, documento escrito por miembros de ese “club privado” para el que los chismes de la Corte y los poemas de amor eran moneda común, y que la autora denomina el “Facebook de la época Tudor”.

And graven with diamonds in letters plain,
There is written her fair neck round about;
“Noli me tangere; for Cæsar’s I am,
And wild for to hold, though I seem tame”

Y grabado con diamantes en letras claras
Lleva escrito, alrededor de su hermoso cuello,
“No me toques”, pues del César (Rey) soy,
Y difícil de domar, aunque parezca mansa.

El título del libro hace referencia a un célebre poema de Wyatt dedicado a Ana Bolena. Como no podía ser de otra forma, Shulman aborda el tema de la supuesta relación entre ambos, dejando a un lado las distintas versiones de los biógrafos y ajustándose a la información que proporcionan los poemas de Wyatt. Finalmente, los últimos capítulos del libro se centran en los peligros que el poeta sorteó durante su etapa como embajador en España, cuando sus compatriotas lo acusaban de papista y los españoles querían quemarlo por hereje. En futuras entradas del blog resumiré el apasionante retrato de los años de Wyatt en la Corte Imperial.

En definitiva, “Graven with Diamonds” es un manual perfecto para adentrarse en la obra de Thomas Wyatt y para conocer los entresijos de una época fascinante, que cambiaría Europa para siempre. Aunque el libro no está disponible en español (de momento), al menos los poemas de Wyatt aparecen transcritos en inglés moderno, facilitando la lectura a aquellos que no estén familiarizados con el inglés del siglo XVI.

SHULMAN, NICOLA. “Graven with Diamonds. The Many Lives of Thomas Wyatt: Courtier, Poet, Assassin, Spy“. Short Books, 2011.

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Fuente: The Cambridge History of English and American Literature in 18 Volumes (1907–21). Volume III. Renascence and Reformation.

Continuación de:

La Nueva Poesía Inglesa (I): Tottel’s Miscellany


2. Thomas Wyatt.

El movimiento de la Nueva Poesía tuvo un pionero y dos líderes. El pionero fue Sir Thomas Wyatt, al que se unió posteriormente Henry Howard, Conde de Surrey. Un esbozo de sus vidas, especialmente la del primero, puede ser de interés para ayudar a mostrar el verdadero alcance de la influencia europea en la Nueva Poesía Inglesa.

Thomas Wyatt nació alrededor de 1503. Fue educado en Cambridge y Oxford. En 1511, su padre fue nombrado condestable junto con Sir Thomas Boleyn. Desde niño, Wyatt tuvo contacto con la hija de Sir Thomas, Anne Boleyn, una dama con quien habría de relacionársele muy estrechamente en el futuro.

En 1526, Wyatt acompañó a Sir Thomas Cheney en una misión diplomática en Francia. En 1527, fue enviado con  el embajador inglés, Sir John Russell, a la Corte Papal. En esa época visitó Venecia, Ferrara, Bolonia y Florencia. A su vuelta, fue capturado por las Fuerzas Imperiales al servicio del Duque de Borbón, pero consiguió escapar. En 1528, recibió el título de Gran Mariscal en Calais. En 1537, fue enviado como embajador ante el Emperador Carlos V, y permaneció en el continente (fundamentalmente en España) hasta 1539.

En abril de ese mismo año fue llamado a consultas por culpa de las intrigas de un compañero de embajada, Edmund Bonner. Al final de ese año, fue enviado a Flandes para encontrarse con el Emperador y seguirlo hasta París, de donde volvería en 1540. Tras la caída de Cromwell (que había apoyado a Wyatt) Bonner consiguió que Thomas fuese encerrado en la Torre de Londres, acusado de traición. Finalmente, fue liberado tras negar las acusaciones y haber pedido la clemencia del rey.

Wyatt se retiró a su casa de Allington, en Kent, y empleó su tiempo libre en escribir sus sátiras y paráfrasis de los Salmos Penitenciales. A finales del verano de 1542, estando enfermo, recibió la orden de conducir hasta Londres al embajador del Emperador. Al apresurarse en cumplir su misión, contrajo una fiebre y murió por el camino, en Sherborne, el 11 de octubre.

Es preciso mencionar un episodio anterior de la vida de Thomas Wyatt. Tradicionalmente se ha considerado que, en su juventud, Thomas fue el amante de Anne Boleyn. Se ha documentado que, cuando el rey quiso hacerla su esposa, Wyatt le informó de que había mantenido una relación con ella. Sea cual sea la verdad de este oscuro asunto, Thomas Wyatt actuó como Aguador Real en la coronación de la segunda esposa de Henry VIII, en 1533. También fue hecho prisionero cuando la reina cayó en desgracia, en mayo de 1536.

Uno de sus sonetos, “Whoso list to hunt” (Quien quiera cazar), claramente hace referencia a Anne Boleyn en el verso: “Noli me tangere; for Caesar’s I am” (No me toques, pues soy del César), imitación de la Rima 157 de Petrarca “Una candida cerva”. También hay un epigrama titulado “Of His Love called Anna” (De su amada, llamada Anna) y otra referencia a Anne ha sido encontrada por algunos críticos en el soneto “Though I myself be bridled of my mind” (Aunque yo mismo llevo riendas en mi mente). Los sucesos acontecidos en mayo de 1536, sin duda, le llevaron a comentar que mayo era el mes más desafortunado del año.

Hemos visto que Wyatt viajaba con frecuencia al extranjero, y que pasó algún tiempo en Italia. Fue allí en donde entró en contacto con las ideas y las formas que habrían de rejuvenecer la poesía inglesa. Aunque no es este el lugar para explicar los cambios que se produjeron en la versificación entre Chaucer y los poetas isabelinos, cabe decir que ni los principios del ritmo y el acento de Chaucer, o aún menos su gramática, fueron completamente asimilados por sus seguidores (Lydgate, Occleve y Hawes).

Al especial cuidado de Chaucer por colocar un acento o una pausa en el verso, le siguieron un desorden caótico y una dicción redundante, débil y extraña. Además, la “e” final articulada, de la que Chaucer había hecho un ingenioso uso, había sido desterrada del habla común. Y el acento final de palabras derivadas del francés (como favour, virtue, travail) había comenzado a colocarse en la primera sílaba, produciendo una confusa irregularidad prosódica.

Fue misión de Wyatt y de su joven contemporáneo, Surrey, sustituir el caos por el orden; especialmente a través de la influencia italiana que llevarían a la poesía inglesa. Un influjo que posteriormente se uniría al de la tradición clásica,  gracias a Spenser.

Continúa en:

La Nueva Poesía Inglesa (III): Los sonetos de Thomas Wyatt
La Nueva Poesía Inglesa (IV): El tratamiento amoroso en Wyatt
La Nueva Poesía Inglesa (V): Los epigramas, las sátiras y las piezas religiosas de Wyatt

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Fuente: The Cambridge History of English and American Literature in 18 Volumes (1907–21). Volume III. Renascence and Reformation.

    1. Tottel’s Miscellany.

    El reinado de Henry VIII no fue un período de continua estabilidad interna. Si bien es cierto que al terminar la Guerra de las Rosas se extendió un sentimiento generalizado de seguridad al establecerse una dinastía fuerte (la dinastía Tudor), los problemas surgidos durante los reinados de Henry VIII y sus sucesores pusieron a prueba la vida social e intelectual de Inglaterra, aunque no consiguieron destruirla.

    Inglaterra tenía más o menos controlados sus problemas internos gracias a una acertada aplicación de la política de reconciliación, llegando a ser una potencia a tener en cuenta en el resto de Europa. Al entrar en contacto con otros reinos del continente, la vida intelectual inglesa se sometió, por primera vez, a la influencia del Renacimiento.

    Como veremos, la principal inspiración de la Nueva Poesía Inglesa fue casi completamente foránea. Estaba basada en modelos franceses e italianos importados por algunos cortesanos de Henry VIII, que comenzaron a imitarlos.

    El alcance de esta práctica no puede ser evaluado en su totalidad, pero investigaciones posteriores mostraron que estaba muy extendida. Para un caballero, escribir poemas suponía la máxima expresión de la cortesía. Quizá no sea exagerado decir que todo hombre educado escribía poemas que posteriormente eran copiados por sus amigos, y que circulaban en manuscritos o eran incluidos en cancioneros.

    Sin embargo, no fue hasta 1557 que algunos fueron impresos, por primera vez, por Richard Tottel, en el volumen, Songes and Sonettes, written by the ryght honorable Lorde Henry Haward late Earle of Surrey, and other, comúnmente conocido como Tottel’s Miscellany.

    Continúa en:

    La Nueva Poesía Inglesa (II): Thomas Wyatt
    La Nueva Poesía Inglesa (III): Los sonetos de Thomas Wyatt
    La Nueva Poesía Inglesa (IV): El tratamiento amoroso en Wyatt
    La Nueva Poesía Inglesa (V): Los epigramas, las sátiras y las piezas religiosas de Wyatt

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    Antecedentes

    Adaptación de la Rima 190 de Petrarca, quizá influenciada por los comentarios de algunos críticos del poeta italiano, que aseguraron que los ciervos de César llevaban escrito al cuello “Noli me tangere quia Caesaris sum” (No me toques, pues soy del César), estando entonces a salvo de otros cazadores. Se ha dicho que este soneto de Wyatt hace referencia a Anne Boleyn, ya que Henry VIII comenzó a interesarse por ella en 1526.

    Fuente: The Norton Anthology of English Literature. Stephen Greenblatt, general editor. (Norton & Company, 2006).

    Versión en el Manuscrito Egerton

    Who so list to hounte I know where is an hynde;
    But as for me, helas, I may no more:
    The vayne travaill hath weried me so sore,
    I ame of theim that farthest cometh behinde;
    Yet may I by no meanes my weried mynde
    Drawe from the Diere: but as she fleeth afore
    Faynting I folowe; I leve of therefore,
    Sithens in a nett I seke to hold the wynde.
    Who list her hount I put him owte of dowbte,
    As well as I may spend his tyme in vain:
    And graven with Diamondes in letters plain
    There is written her faier neck rounde abowte:
    ‘Noli me tangere for Cesars I ame,
    And wylde for to hold though I seme tame’.

    Fuente: Collected poems of Sir Thomas Wyatt. Edited by Kenneth Muir and Patricia Thomson. Liverpool University Press. 1969.

    Versión en la Norton Anthology of English Literature

    Whoso list to hunt, I know where is a hind,
    But as for me, alas!  I may no more,
    The vain travail hath wearied me so sore;
    I am of them that furthest come behind.
    Yet may I by no means my wearied mind
    Draw from the deer; but as she fleeth afore
    Fainting I follow; I leave off therefore,
    Since in a net I seek to hold the wind.
    Who list her hunt, I put him out of doubt
    As well as I, may spend his time in vain!
    And graven with diamonds in letters plain,
    There is written her fair neck round about;
    “Noli me tangere; for Cæsar’s I am,
    And wild for to hold, though I seem tame”.

    Fuente: The Norton Anthology of English Literature. Stephen Greenblatt, general editor. (Norton & Company, 2006).

    Traducción libre al español

    Quien quiera cazar, sé dónde hay una cierva,
    Excepto para mí, ¡ay! Pues no volveré a cazar.
    Tan frívolo trabajo me ha cansado tanto,
    Que de todos los cazadores soy el que más lejos ha llegado tras la presa.
    Aunque pudiese alcanzarla, de ningún modo mi agotado espíritu
    Batiría a la cierva, ya que ella huiría
    Desmayándome yo al seguirla. Por eso lo dejé y
    Desde entonces intento atrapar el viento con una red.
    A quien quiera cazarla puedo asegurarle
    Que al igual que yo perderá su tiempo en vano.
    Ya que grabado con diamantes en letras claras
    Hay escrito, alrededor de su hermoso cuello,
    “Noli me tangere”, pues del César soy,
    Y difícil de capturar, aunque parezca mansa.

    Audio

    Para escuchar este poema, haz clic aquí.

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    Si te interesa este artículo, quizá deberías revisar este otro: Cronología.

    Sir Thomas Wyatt fue uno de los precursores de la poesía en Inglaterra, y con Surrey, Byron o Walpole, uno de los aristócratas que contribuyeron notablemente al desarrollo de la literatura inglesa.
      Thomas descendía de una antigua familia, asentada durante generaciones en Southange (condado de York). Su padre, Sir Henry Wyatt, fue un fiel servidor de la Casa de Lancaster durante la Guerra de las Dos Rosas.
        En 1483, Sir Henry tomó parte en la revuelta organizada contra Ricardo III y a favor del pretendiente Lancaster al trono de Inglaterra: Henry Tudor, por entonces Conde de Richmond y exiliado en Francia. Pero el levantamiento no tuvo éxito y Sir Henry fue hecho prisionero.
          Cuentan las crónicas familiares que el rey Ricardo intentó que Sir Henry le jurase lealtad: “¿Por qué eres tan estúpido, Wyatt? No sirves más que al reflejo de la luna en el agua, a un miserable fugitivo. Abandónale, sé mío y te recompensaré por ello“. Pero el padre de Thomas se negó a traicionar a Henry Tudor y fue torturado por ello (al parecer con unas tenazas, instrumento que más tarde se añadiría al escudo de los Wyatt).
            Retrato de Sir Henry Wyatt

            Retrato de Sir Henry Wyatt

            Estas crónicas familiares narran todo tipo de historias, algunas más creíbles que otras, sobre las penurias que tuvo que afrontar Sir Henry durante su cautiverio. Como curiosidad cabe apuntar que su retrato, pintado por Hans Holbein, es el único en toda la obra del célebre pintor en donde un personaje muestra su dentadura, rota a causa de las torturas. Algunos ven en ello el deseo de inmortalizar la lealtad de los Wyatt hacia los Tudor (el lema personal de Sir Henry, era “Oublier ne puis“, “No puedo olvidar”).

            Ricardo III fue derrotado en la batalla de Bosworth (1485), y Henry Tudor coronado nuevo rey de Inglaterra. Una vez en el trono, Enrique VII no olvidó la lealtad de Sir Henry y lo nombró miembro de su Consejo Privado. En 1493, Sir Henry Wyatt era lo suficientemente rico como para permitirse la propiedad de Allington, en el condado de Kent, que sería la residencia familiar durante años.

            Castillo de Allington

            Castillo de Allington

            En aquel tiempo el condado de Kent era una zona turbulenta, propensa a la rebelión, por lo que el rey envió allí a algunos de sus súbditos más leales. Entre los vecinos de los Wyatt se encontraban los Cheney de Shurland, los Brooke de Cobham, los Poynings de Westenhanger y los Bolena de Hever.

            Los lazos creados con estas familias serán de vital importancia para Thomas Wyatt, el primogénito de Sir Henry. Como veremos más adelante, acompañará a Thomas Cheney en su primera misión diplomática, se casará con Elizabeth Brooke, creará una amistad de por vida con Thomas Poynings, e historiadores y críticos literarios especularán durante más de 400 años sobre su relación con Ana Bolena.

            Tras la muerte del Enrique VII, Sir Henry Wyatt fue nombrado Consejero de Asuntos Públicos, y bajo el mandato de Enrique VIII obtuvo numerosas muestras de distinción. El mismo día de la coronación del nuevo monarca, el padre de Thomas fue investido Caballero de Bath. Durante la batalla de Spurs (1513) fue nombrado Caballero Abanderado, llegando a ser Mariscal, Guardián de las Joyas del Rey y, finalmente, Aguador Real. En 1502 se casó con Anne, hija de John Skinner. Con ella tuvo tres hijos: Thomas, Henry y Margaret.

            St. John's College (Cambridge)

            St. John's College (Cambridge)

            Thomas Wyatt nació en 1503, en la residencia familiar de Allington. Su biografía es prácticamente desconocida durante los primeros 12 años de su vida, pero parece ser que contó con un tutor privado. Aproximadamente en 1515 ingresó en el St. John College de Cambrigde, en donde según algunos historiadores cursó estudios de arte. Merece ser destacado que Erasmo de Rotterdam fue profesor de Griego y Teología en esa misma universidad hasta un año antes de la llegada de Wyatt.

            En 1520, cuando sólo tenía 17 años, Thomas se casó con Elizabeth Brooke, hija de Lord Cobham. Un año después nació su hijo Thomas (apodado “Wyatt el joven” y ejecutado en tiempos de María I por alta traición, al encabezar la rebelión de Lady Jane Grey), cuyo padrino sería el Duque de Norfolk (tío de Ana Bolena). Pero el matrimonio no funcionó: tras acusar de adulterio a su esposa y repudiarla, Wyatt se separó en 1525.

            Thomas Wyatt, "el joven".

            Thomas Wyatt, "el joven".

            En ausencia de datos significativos, han surgido algunas leyendas acerca de esta época en la vida de Thomas Wyatt. Se cree que completó su formación académica en Oxford, y es seguro que acompañó a Sir Thomas Cheney en una misión diplomática a París y a Sir John Russell a Venecia y Roma.

            Sin duda alternó sus estudios con la vida en la Corte. Se sabe que participó en un torneo de caballería en la Navidad de 1524-25 (el torneo de Château Blanche, en donde Wyatt formó parte del equipo que defendía el castillo frente a los ataques del grupo comandado por el rey). Pero el primer suceso destacado tiene lugar en 1533, cuando Thomas sustituye a su padre como Aguador Real durante la boda de Enrique VIII con Ana Bolena.

            Antes de eso, necesariamente hubo de cultivar su mente con el estudio, servir en el ejército y brillar en la Corte. El joven Wyatt poseía todas las cualidades que lo convertían en un consumado cortesano, entre ellas una noble apariencia en la que, según su amigo y discípulo Surrey, “se encontraban fuerza y belleza; una cara de simetría perfecta, ojos brillantes, una boca de singular dulzura y un porte en el que se distinguían a partes iguales la dignidad del roble y la gracia del sauce“.

            Thomas Wyatt en su madurez

            Sir Thomas Wyatt en su madurez

            Entre sus múltiples habilidades figuraban hablar con fluidez español, francés e italiano, además de estar familiarizado con las lenguas clásicas. También cantaba y al parecer tocaba el laúd, sobresalía en el arte de la conversación, era un célebre poeta y todo un ejemplo del noble de la época: soldado y erudito, caballero y hombre de letras.

            Debido a estas cualidades se ganó el favor de rey, aunque al parecer utilizó más su influencia en favor de otros que de sí mismo. De esta forma, cuando alguien recibía un ascenso inesperado, se decía que había estado “en el gabinete de Wyatt“. Pero Thomas cayó en desgracia, posiblemente cuando se relaciona su nombre con el de la reina, Ana Bolena.

            Enrique VIII y Ana Bolena

            Enrique VIII y Ana Bolena

            Incapaz de darle un heredero varón a Enrique VIII, Ana fue acusada de traición y encarcelada en la Torre de Londres. Tras la declaración de Mark Smeaton, un músico que bajo tortura confesó ser su amante, la reina fue condenada a muerte. La sentencia se ejecutó el 16 de mayo de 1536.

            Poco se sabe sobre la verdadera naturaleza de la conexión entre Ana y Thomas. Siendo sus familias vecinas y aliadas, no resulta descabellado aventurar que se conociesen desde niños. Pero el matrimonio de Wyatt y la partida de Ana hacia la Corte francesa los habría separado durante un tiempo. En 1525, con Wyatt separado de su esposa y Ana de vuelta en Inglaterra, su amistad podría haberse reanudado.

            La poesía de Wyatt da algunas claves sobre la relación entre ambos: en un poema, el nombre de su amada es “Anna”; Thomas comenta que su vida estuvo en peligro durante el mes de mayo, cuando Ana fue ejecutada; la hermana de Wyatt, Margaret, asistió a la reina en el cadalso; y existen razones para creer que Ana leyó los poemas de Thomas durante su encierro en la Torre (al menos así se menciona en un pasaje de la colección Cotton). Sin embargo, no hay pruebas de que fuesen amantes o de que su atracción fuese algo más que platónica.

            La discusión al respecto es tan eterna como infructuosa. Los biógrafos de Wyatt suelen afirmar que fueron amantes; los de Bolena lo niegan. En todo caso, cuando el rey pretendió a Ana ésta abandonó cualquier relación previa. Y para cuando Bolena fue proclamada reina, Thomas Wyatt ya no estaba enamorado de ella. O al menos ya no lo estaba el protagonista de sus poemas.

            Pero para algunos críticos (como Nicola Shulman), la prueba más contundente de la intimidad entre Wyatt y Ana Bolena es que el poeta sobreviviera al fatídico mes de mayo de 1536.

            Continúa en Biografía de Thomas Wyatt (II).

            Fuentes consultadas
            • Fuente principal – “The Poetical Works of Sir Thomas Wyatt”. Text edited by Charles Cowden Clarke. Edinburgh, 1868.
            • Fuente secundaria (actualizaciones) – THOMSON, PATRICIA. “Sir Thomas Wyatt and His Background”. Stanford University Press, 1964.
            • Fuente secundaria (actualizaciones) – SHULMAN, NICOLA. “Graven with Diamonds. The Many Lives of Thomas Wyatt: Courtier, Poet, Assassin, Spy“. Short Books, 2011.

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