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Archive for the ‘curiosidades’ Category

Transcripción de las referencias a Thomas Wyatt (denominado Mestre Hihuet) en la “Crónica del Rey Enrico Otavo de Ingalaterra escrita por un autor coetáneo y ahora por primera vez impresa é ilustrada, con introducción, notas y apéndices, por El Marqués de Molins” (Madrid: Librería de los Bibliófilos, 1874), que puede consultarse en la Biblioteca Digital de Castilla la Mancha.

A pesar de que en el manuscrito revisado por el Marques de Molins se dice que el autor de la Crónica original era “un hombre de letras valenciano que fue a Inglaterra con doña Catalina“, Nicola Shulman argumenta en su libro “Graven with Diamonds” que probablemente se tratase de un mercader español en Londres, amigo de un sobrino de Thomas Cromwell (en la Crónica, Crumuel) y del hijo del propio Wyatt.

Como curiosidad, añadir que los expertos en Wyatt no dan credibilidad a la supuesta carta del poeta en la que relata sus amoríos con Anne Boleyn, ya que consideran que el autor de la Crónica (español, católico y partidario de Catalina) estaba predispuesto en contra de la segunda esposa de Henry VIII.

Detalle de la portada

Índice de nombres (notas del Marqués de Molins)

HIHUET (Mestre); Wyatt, sir Thomas.

Cortesano y poeta célebre inglés, nació hacia 1503 en Allington Castle, condado de Kent, casi en el mismo tiempo que Ana Bolena. Criados en la misma comarca y educados en la propia corte Thomas y Ana, no es extraño que existieran muy pronto entre ambos relaciones amorosas. Hasta qué punto llegaron éstas no es fácil averiguar.

Audin y algunos quieren que fuesen meramente platónicas, amor sin esperanza, sin premio, sin pecado, de aquellos que sólo sienten los corazones puros y las imaginaciones poéticas. Sanderus y otros, por el contrario, llevan las cosas al extremo opuesto y nuestro venerable Rivadeneira (cap. VII.) se explica en términos harto crudos en la materia. El inédito manuscrito quiere mediar, y sin embargo, al ver á este primer amante de Ana escapar sano y salvo, le tendriamos por mejor que un Cartujo si no fuera por ciertos detalles, por ejemplo, la repeticion y cita de un lance de Bocaccio, tan impropio de la escasa erudicion del cronista, como natural en el poeta inglés, imitador de los italianos.

En todo caso, cuando se supo en Lóndres que Ana Bolena era nombrada marquesa de Pembroke, y asistia y brillaba en las ruidosas y no muy ascéticas visitas de Francisco I y Enrique VIII, el poeta quiso despedirse de la jovencita de Blickling, de su amada de la infancia, improvisando su Forget not yet, célebre hasta el día de hoy. ¿Fué verdadera esta despedida ó se volvieron á ver los amantes? Averigüelo Vargas; que lo que Enrique no quiso ver, segun Rivadeneira, no hemos de escudriñar nosotros.

En el manuscrito consta que asistió al torneo de Greenwich (80), que fué preso por Richard Cromwell cuando los demas cómplices de Ana Bolena (80), que fué tratado con mayor miramiento (81), que se declaró inocente y recordó lo que habia dicho al Rey ántes de casarse (81), que fué absuelto (88), que despues escribió una carta á Enrique detallando y describiendo cosas que mejor fuera callar (89), que siguió viviendo en la córte y en favor con Cromwell (143). Que fué, en fin, nombrado embajador de Cárlos V (91). Vino de embajador á España (1538) para preparar una reconciliacion (Harl. Mss. Aubin II, cap. XVII, página 295); murió de una fiebre maligna yendo de viaje á otra embajada en Shirebourne, condado de Dorset, 1541.

Capítulo XXVIII. Cómo Crumuel escribió al Rey, y cómo la Reyna y sus meninos fueron presos.

(…) Y el Rey cuando vió la confision, no le hizo provecho la comida; y como príncipe valeroso disimuló; y luégo mandó aderezar su barca y se va a Vuestmonster, y mandó que no cesasen las justas, y que, como acabase la fiesta, prendiesen secretamente al Mestre Nores, y al Bruiton, y al Mestre Hihuet, y los llevasen á la Torre (…) y las postas se comenzaron, donde Mestre Hihuet lo hizo mejor que todos.

Este Mestre Hihuet era un gentilhombre muy dispuesto, que no habia en la córte más lindo hombre que él. Y acabadas las postas, estándose desarmado, vino el capitan de la guarda y llamó al Mestre Nores y al Mestre Bruiton y díjoles: “Señores, el Rey os llama”. Y fueron con él, y tenía allí presta una barca, y sin que fuese sentido los llevó luégo á la Torre, y vino luégo el sobrino del Crumuel y dijo al Mestre Hihuet: “Señor, el Secretario, mi señor, os invia á rogar que le vayais a hablar, el cual se siente un poco mal dispuesto y está en Lóndres”. Y luégo fué con él.

Parece ser que el rey invió a Crumuel para que inviase por el Mestre Hihuet y que le desaminase. Y llegado á Lóndres, el Crumuel tomó al Mestre Hihuet aparte, y le dijo: “Mestre Hihuet, vos sabeis bien el grande amor que siempre os tengo y he tenido, y agora os hago saber que me pesaria en las entrañas que vos fuésedes culpante en lo que os quiero decir”.

Y díjole todo lo que pasaba; y el Mestre Hihuet fué maravillado, y respondió con grande ánimo, y dijo: “Señor Secretario, por la fe que debo á Dios y al Rey, mi señor, que no tengo yo de qué me recelar, porque no le he errado ni por el pensamiento, que bien sabe la Majestad del Rey lo que le dije ántes que se casase”. Y el Crumuel le dijo: “Pues, Mestre Hihuet, cumple que vayais á la Torre, y yo os prometo de os ser buen amigo”. Y dijo el Hihuet: “Yo iré de buena gana, porque, como estoy limpio, no temo”. Y luégo se fué con él Richard Crumuel, y ninguno sospechó que iba preso. Y llegado á la Torre le dijo el Richard al capitan de la Torre: “Señor capitan, el secretario Crumuel os envia á rogar hagais honra al señor Hihuet“. Y el capitan le metió luégo en una cámara, encima de la puerta, donde los dejarémos por decir cómo la Reyna fué presa, y el Duque, su hermano.

(…)  Y luégo hicieron dar tormento á la vieja Margarita y confesó cómo el Márcos, y el Mestre Nores, y el Bruiton dormian con ella, y que se hacia de tal manera, que el uno no sabía del otro; y fuéle demandado de Mestre Hihuet, y dijo que jamas le vió hablar con la Reyna á parte, si no fuese en público. Y el secretario Crumuel se holgó; porque amaba mucho al Mestre Hihuet.

(…) A todo esto que se hacia, estaba el buen Hihuet mirando de una ventana de la Torre, y todo el pueblo pensó que tambien habian de sacarle á justiciar, y el dicho Hihuet aquella noche escribió una carta al Rey, y dióla á un primo suyo para que la llevase al Rey, el cual la llevó; y lo que en ella se contiene es lo siguiente:

CAPÍTULO XXXI. Cómo Mestre Hihuet escribió una carta al Rey, y cómo fué perdonado.

La noche ántes que sacasen al Duque y á los otros á degollar, fué el buen Hihuet certificado que no saldria, y así tomó papel y tinta, y escribió al Rey lo siguiente: “V.M. sabe que ántes que se casase con la Reyna Anna Boloña, me dijo: “Hihuet, yo me quiero casar con Anna Boloña; ¿qué te parece?”. Y yo dije á V.M. que no lo debia hacer, y me preguntó por qué; y yo dije que era una mala mujer, y V.M., con enojo, me mandó que no pareciese en dos años delante dél. Y no me quiso demandar la causa; y pues que de palabra entónces no lo pude decir, será agora por escrito.

Y fué que un dia que el padre y la madre de la señora Anna estaban en la córte, ocho millas de Granuche, como todos saben que allí estaban de asiento, yo tomé aquella noche un caballo, y fuí allá, y llegué á tiempo que la Anna Boloña estaba acostada, y subí á su cámara, y como me vió, me dijo: “Jesus, Mestre Hihuet, ¿qué haces aquí á tal hora?”. Yo le dije: Señora, el corazon atormentado como el mio, ha estado tanto tiempo por vuestro, que por vuestro amor me ha traido aquí ante vuestra presencia, pensando recibiria consuelo de quien tanto tiempo lo ha traido tan penado”.

“Y lleguéme á ella, á la cama, y beséla, y estuvo queda y callando; púsele la mano en los pechos, y estuvo queda; y aún desmandando más bajo, asimesmo calló. Y queriéndome desnudar, ántes que me acabase de desnudar, oí una gran patada encima de la cámara donde ella dormia, y luégo la señora se levantó y vistióse una faldilla, y fuése por una escalera arriba, que estaba detras de su cama; y yo la estuve esperando más de una hora, y cuando bajó, no consintió llegase á ella”.

“Yo creo que me aconteció como á un gentilhombre en Italia, que andaba perdido, como yo, por una dama, y trájole su ventura á la mesma coyuntura que á mí, y la dama oyó una patada y se levantó y subió arriba; y aquel gentilhombre fué más avisado que yo; porque como fué subida la dama, se subió de allí á un poco tras ella, y hallóla que se estaba holgando con un mozo de establo. Y así creo que me aconteció á mi aquella vez, y si yo fuera tan avisado, viera lo que hizo”.

“Y hago saber á V.M. que dentro de ocho dias despues, yo la tuve á mi voluntad; y si V.M., cuando me desterró, se sufriera, le dijera lo que agora escribo”.

Y luégo que el Rey leyó la carta, mandó que luégo fuesen á la Torre y le trajesen al Mestre Hihuet. Y así, vino delante del Rey, y le besó las manos por la merced del perdon, y el Rey le dijo: “Hihuet, á mí me pesa que no te quise escuchar cuando me enojé contigo; y si no lo hice, fué que estaba ciego con esta mala mujer”. Y de aquella hora en adelante fué el Mestre Hihuet más quisto del Rey que nunca lo habia sido. Y muy pocos dias despues le invió por embajador al Emperador Cárlos Quinto, donde sirvió muy bien al Rey, y así, no hay más que hablar de él.

CAPÍTULO XLVIII. Cómo Crumuel fué degollado, y de lo que dijo en el cadalso.

(…) Y, entre todos aquellos señores, vió el Crumuel á Mestre Hihuet, el caballero que habia estado preso por amor de la Reyna Anna, y llamóle, y díjole: “¡Oh, gentil Hihuet, quédate á Dios, y yo te ruego ruegues á Dios por mí!”. Mucho fué el amor que siempre tuvo con este Mestre Hihuet. Y el Hihuet no le pudo responder, tantas eran las lágrimas que lloraba.

Todos aquellos señores se maravillaban en ver que el Mestre Hihuet hacia tanto sentimiento. Y como el Crumuel fuese hombre muy sabio, miró en ello y dijo en alto: “¡Oh, Hihuet, no llores; porque si yo no fuese más culpante que tú eras cuando fuiste preso, no sería venido á lo que estoy!”. Y todos los señores querian mucho al Hihuet; y así, disimularon, y otro pudiera ser que le prendieran por saber si sabía de alguna traicion que el Crumuel hubiese inventado.

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Reseña de “Grabado con diamantes. Las múltiples vidas de Thomas Wyatt: Cortesano. Poeta. Asesino. Espía”,  de Nicola Shulman. 

(Traducción del artículo de Charles Nicholl. The Guardian, 23 de Abril de 2011).

Thomas Wyatt fue el mejor poeta de la Corte de Henry VIII, aunque no siempre ha gozado de respeto por ello. Los primeros años del siglo XVI están considerados como uno de los puntos más bajos de la Literatura Inglesa, un período intermedio de mediocridad entre las cumbres de Chaucer y Shakespeare. CS Lewis lo apodaba la “Época Gris” y escribió sobre Wyatt: “Cuando es malo resulta plano, incluso nulo; y cuando es bueno, difícilmente puede situarse entre los poetas más cautivadores“. Hoy en día su reputación es mayor: hemos descubierto las sutilezas de su tono y el significado oculto detrás de su estilo aparentemente brusco. El incisivo estudio de Nicola Shulman nos lleva más allá, hurgando con entusiasmo en los antecedentes políticos de los poemas y encontrando en ellos “mensajes secretos” que no podían ser expresados abiertamente.

Ante todo, Wyatt fue un poeta cortesano que escribía para un entorno privado. No publicó en vida ninguno de sus poemas, que sobreviven en colecciones manuscritas. Una de ellas (el Manuscrito Egerton 2711 de la Biblioteca Británica) contiene más de 100 poemas, la mayor parte escritos de su puño y letra, con abundantes correcciones en cada página. Son de gran valor para la Historia de la Literatura en calidad de pioneros en el uso de algunas formas poéticas continentales, especialmente el soneto petrarquista. Pero para Shulman resultan de interés por el velado e íntimo relato de la vida en la claustrofóbica Corte de Henry VIII, con sus jóvenes impetuosos y sus mujeres “encadenadas con grilletes de oro”, sus luchas por el poder y el prestigio, y esos súbitos y a menudo fatídicos reveses de fortuna que se insinúan en las primeras líneas del poema más conocido de Wyatt: “They flee from me that sometime did me seek / With naked foot, stalking in my chamber.” (“Huyen de mí los que una vez me buscaron / Con pies descalzos, rondando mi cuarto”).

¿Estaba Thomas Wyatt enamorado de Anne Boleyn?

Carismático, encantador e inteligente, Wyatt siempre estuvo destinado a la Corte. Nació en 1503, en la residencia familiar del Castillo de Allington en Kent, aunque la familia era originaria de Yorkshire, lo que puede adivinarse en la franqueza de sus versos, y su indiferencia por “(…) la delicadeza del habla / Y el selecto placer del discurso”. Su padre, Sir Henry, ostentó un cargo político durante el reinado de Henry VII, en recompensa por su apoyo inquebrantable durante los años previos a la época Tudor (el emblema familiar muestra con orgullo unas tenazas, instrumento de tortura que presuntamente sufrió en sus carnes sir Henry durante los oscuros días de la monarquía York).

A los 13 años, el joven Wyatt pudo haber formado parte del séquito real en el bautizo de la Princesa Mary. Una macabra ironía, ya que la Infanta sería posteriormente conocida como “la Sangrienta” Mary, y entre las víctimas de su reinado estaría el propio hijo de Wyatt, decapitado por su lealtad hacia Lady Jane Grey. A los 17 años, Wyatt se casó con Elizabeth Brooke, hija de Lord Cobham. Una clásica unión dinástica con otro poderoso clan de Kent; aunque no tuvo éxito y la pareja se separó pronto. Wyatt vivió abiertamente con su amante, Bess Darrell, con quien tuvo un hijo ilegítimo. Su relación más conocida, con Anne Boleyn, es más polémica (una maraña de demandas y contrademandas) y uno de los asuntos clave del libro de Shulman. A mediados de 1520 Wyatt era uno de los escuderos del Rey (en parte sirviente, en parte compañero de juegos, en parte guardaespaldas) y un entusiasta participante en los juegos y torneos de caballería tan de moda en la época Tudor, así como de la interminable ronda de juegos amorosos que se ocultaban tras la apariencia del “amor cortés”.

Tal y como muestra Shulman, ese fue el terreno de cultivo para la lírica de Wyatt: poemas manuscritos que “cobraban vida en un simple pliego de papel escondido adecuadamente en el jubón de Wyatt, de modo que podía dárselos con disimulo a un amigo en una sala repleta de gente, o dejarlos en algún lugar para que los encontrase una joven. Podrían haber hecho su debut público en el programa de pasatiempos del círculo interno de la Corte. Pero también podrían haber sido prestados, divulgados y copiados, citados en parte o por completo, un verso o dos susurrados en el oído de alguien durante un baile o un juego”. En el centro de este núcleo de romance y chismorreos se encontraba la figura peligrosamente atrayente de Anne Boleyn. Hermosa, perspicaz y elocuente, tenía 17 años cuando llegó a la Corte en 1521, después de dos años empapándose de los modales de la época y la afectación de la Corte francesa. Anne llamó la atención de Henry inmediatamente, aunque tardarían 12 años en casarse en secreto (los inconvenientes de un divorcio real y sus repercusiones históricas en Europa explican ese retraso).

El alcance de la intimidad de Wyatt con Anne sigue siendo un misterio. Según fuentes de la época, cuando Wyatt supo de la intención del Rey de casarse con ella, le confesó que había sido su amante. Cuando la estrella de Anne se apagó en 1536, fue encarcelado en la Torre, aunque nunca lo acusaron formalmente (como le sucedió a otros) de mantener relaciones sexuales con ella. En un poderoso poema descubierto por Kenneth Muir en 1959, Wyatt comparte sus sentimientos mientras está en prisión – “These Bloody days have broken my heart” (Estos días sangrientos me han roto el corazón) – y el probable testimonio de la ejecución de Anne desde una ventana de la Torre de la Campana, en donde estaba retenido:

“La torre de la campana me mostró una visión
Que se clava en mi mente día y noche.
Allí descubrí, a través de una reja,
Que a pesar de todo el favor, el poder o la gloria
Aún resuena el trueno en el reino”.

Wyatt escribió un poema anterior sobre Anne, un soneto en el que desarrolla una metáfora de caza: “Quien quiera cazar, sé dónde hay una cierva / Excepto para mí, ¡ay! Pues ya no cazaré más”. No resulta difícil relacionar al cazador con el amante de Anne que advierte a otros del peligro, y los últimos versos tienden a confirmarlo:

Y grabado con diamantes en letras claras
Lleva escrito, alrededor de su hermoso cuello,
“Noli me tangere (No me toques), pues del César soy,
Y difícil de capturar, aunque parezca mansa”.

También es interesante un acertijo acerca de un palíndromo que aparece en el Manuscrito Egerton: “¿Qué palabra nunca cambia / aunque se le dé la vuelta de delante hacia atrás? La respuesta es la causa de mi dolor”. El título del poema fue añadido por otra mano: “Anna”. Estas pistas en forma de poemas no son suficientes para resolver la eterna pregunta, pero para Shulman sugieren que su relación fue mucho más profunda y peligrosa para Wyatt que el habitual intercambio cortesano de zalamerías.

Wyatt fue también un avezado diplomático. Durante su primera misión en Francia (1526), fue alabado como un hombre de “gran capacidad para anotarlo y recordarlo todo”. Al año siguiente estuvo en Italia, donde fue capturado por tropas imperiales cerca de Ferrara. Sus siguientes misiones fueron tareas ingratas, ya que se vio obligado a negociar un acercamiento imposible con el Papa y con el Emperador Carlos V (que resultaba ser, de forma poco conveniente, el sobrino de Catalina de Aragón). Esta parte de su trabajo justifica la palabra “espía”que aparece en el título de la obra de Shulman, aunque probablemente el calificativo de “asesino” sea exagerado.

La eliminación de Reginald Pole, un problemático exiliado católico, fue una idea gestada por Thomas Wyatt (entre otros). De esa época han sobrevivido varias cartas en clave, y alguna referencia descontextualizada acerca de la eficacia y rapidez del “veneno español”, pero se trataba más de un movimiento táctico que de un auténtico complot y no llegó a fructificar. Irónicamente, durante un segundo encarcelamiento en 1540, Wyatt fue acusado conspirar con Pole para traicionar al Rey.

Wyatt fue un superviviente, o al menos escapó varias veces del verdugo. Murió de unas fiebres a la edad de 39 años, volviendo de un encuentro diplomático rutinario en Falmouth. En una carta a su hijo escrita en 1537, repasaba una vida llena de vicisitudes: “mil peligros y obstáculos, enemistades, odios, encarcelamientos, pesares e indignaciones”. En esa misma época fue pintado por Holbein; se trata de un retrato al estilo Tudor, de un hombre corpulento y con entradas, y no poca amargura en la mirada. Shulman no es la primera en encontrar mensajes ocultos en sus poemas (la autora reconoce la influencia de la especialista en Wyatt Susan Brigdon). Esta investigación vívida y sensible nos muestra la gran resistencia del poeta, que escribió en un entorno de constantes peligros, y que representa a la perfección las “amargas alegrías” de la vida cortesana.

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El poeta británico Gawin Ewart (1916-1995), maestro de la parodia, rompió en pedazos la sutileza del lenguaje cortesano que Thomas Wyatt había utilizado en “They flee from me”, sustituyéndolo por un discurso mucho más mundano y accesible para los lectores de hoy en día. Una curiosa versión, cuatro siglos después de la de Wyatt.

They flee from me that sometime did me seek (Gawin Ewart)

At this moment in time
The chicks that went for me
In a big way                                    
Are opting out;                               
As of now, it’s an all change situation.
The scenario was once,
For me, 100% better.
Kissing her was viable
In a nude or semi-nude situation.
It was How’s about it, baby?          
Her embraces were relevant
And life-enhancing.
I was not hallucinating.
But with regard to that one
My permissiveness
Has landed me in a forsaking situation.
The affair is no longer on-going.
She can, as of now, explore new parameters-
How’s about it? Indeed!
I feel emotionally underprivileged.            
What a bitch!
(and that’s meaningful!)

Fuente: Laura Campillo Arnaiz. “Poesía Inglesa (Siglos XVI-XX)”. Open Curseware – Universidad de Murcia.

Traducción libre al español

En este momento de mi vida,
quien iba detrás de mí
buscando sexo,
ya no lo hace.
Ahora mismo, es todo un cambio.
Antes las cosas eran
mucho mejores.
La besaba cuando quería,
vestida o desnuda,
y me decía: “¿Te apetece, cariño?”.         
Sus abrazos eran de verdad
y me daban la vida.
No estaba alucinando.
Pero con respecto a esa mujer,
por culpa de mi cortesía
me he quedado tirado.
La relación ya no sigue adelante
y ahora ella puede explorar nuevas variables.
¿Que si me apetece? ¡Ya te digo!
Me siento emocionalmente abandonado.            
¡Menuda puta!
(Y con eso lo resumo todo).

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Antecedentes

En la Inglaterra de Henry VIII, la poesía y la música iban unidas de la mano: era muy habitual que los poemas se compusieran exclusivamente para ser cantados. El propio Thomas Wyatt, que al parecer tocaba el laúd, escribió un buen puñado de canciones. Su obra está cuajada de referencias musicales; desafortunadamente, tan sólo ha sobrevivido hasta nuestros días la música de “Ah, Robin“, compuesta por su contemporáneo William Cornysh.

Los versos de la canción se le atribuyen a Wyatt (aunque no es habitual que aparezcan en las recopilaciones de su obra). Se trata de un debate entre dos visiones opuestas del sexo femenino: por un lado, la del amante desilusionado; por otro, la del hombre enamorado. Años después, Shakespeare utilizaría esta canción en “Noche de Reyes“. Puedes escucharla en el siguiente enlace:

Audio de “Ah, Robin”

Fragmento (en inglés)

Ah Robin
Gentle Robin
Tell me how thy leman doeth
And thou shalt know of mine.

My lady is unkind I wis!
Alack why is she so!
She loveth another better than me,
And yet she will say no.

(Refrain)

I cannot think such doubleness
For I find women true,
She hath ta’en my heart and left me well,
She will change for no new.

(Refrain)

Fragmento (traducción libre al español)

Ah, Robin,
Noble Robin.
Dime cómo es tu amada
Y sabrás de mi dama.

Sospecho que mi dama es cruel.
¡Ay! ¿Por qué es así?
Ama a otro más que a mí,
Pero dice que es fiel.

(Estribillo)

No puedo pensar en tal traición,
Las mujeres son sinceras, creo.
La mía me ha robado el corazón,
No lo cambiará por uno nuevo.

(Estribillo)

El verso “She hath ta’en my heart and left me well” cambia según la edición que se consulte. En The Poetry of Sir Thomas Wyatt, de Tillyard, aparece “My lady loveth me doubtless” (Mi dama me ama, sin duda).

Es posible que se trate de una modificación posterior, para ajustar la rima entre “doubleness” y “doubtless”. A menudo, Thomas Wyatt se muestra “descuidado” en cuanto a la rima de sus poemas. Los editores de sus obras modificaron algunos versos para ajustarlos al canon de la época (ver artículo sobre la Tottel’s Miscellany).

A continuación se reproduce el poema completo (en dos versiones distintas: la que aparece en el Manuscrito Egerton y la de The Poetry of Sir Thomas Wyatt).

Versión del Manuscrito Egerton

‘A Robyn
Joly Robyn
Tell me how thy leman doeth
And thou shall knowe of myn.’

‘My lady is vnkynd, perde!’
‘Alack, whi is she so?’
‘She loveth an othre better than me,
And yet she will say no.’

Responce

I fynde no suche doublenes,
I fynde women true.
My lady loveth me dowtles,
And will chaunge for no newe.

Le plaintif

Thou art happy while that doeth last,
But I say as I fynde,
That womens love is but a blast
And torneth like the wynde.

Responce

Yf that be trew yett as thou sayst
That women turn their hart,
Then spek better of them thou mayst
In hope to hau thy partt.

Le plaintif

Suche folkes shall take no harme by love
That can abide their torne,
But I alas can no way prove
In love but lake and morne.

Responce

But if thou wilt avoyde thy harme
Lerne this lessen of me,
At othre fires thy self to warme
And let theim warme with the.

Fuente: Collected poems of Sir Thomas Wyatt. Edited by Kenneth Muir and Patricia Thomson. Liverpool University Press. 1969.

Versión de “The Poetry of Sir Thomas Wyatt”

“Ah, Robin,
Jolly Robin,
Tell me how thy leman doth,
And thou shalt know of mine.”

“My lady is unkind, perdie!”
“Alack, why is she so?”
“She loveth another better than me,
And yet she will say no.”

“I find no such doubleness,
I find women true.
My lady loveth me doubtless,
And will change for no new.”

“Thou art happy while that doth last,
But I say as I find,
That women’s love is but a blast
And turneth like the wind.”

“If that be true yet as thou sayest
That women turn their heart,
Then speak better of them thou mayest
In hope to have thy part.”

“Such folks shall take no harm by love
That can abide their turn;
But I, alas, can no way prove
In love but lack and mourn.”

“But if thou wilt avoid thy harm
Learn this lesson of me :
At other fires thyself to warm,
And let them warm with thee.”

Fuente: The Poetical Works of Sir Thomas Wyatt. Edited by James Yeowell. London: George Bell and Sons, 1904.

Artículo en revisión – Próximamente traducción al español del poema completo.

Fuentes consultadas: “Musical settings to the poems of Sir Thomas Wyatt”, de Ivy L. Mumford para Music and Letters, Vol. 37, Nº4. “The Poetry of Sir Thomas Wyatt”, E.M.W. Tillyard. “Sixteenth-century poetry: an annotated anthology”. Edición de Gordon Braden. Blackwell Publishing.

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El Manuscrito Egerton 2711 contiene gran parte de la obra de Thomas Wyatt. Pero lo que lo hace realmente especial es que es el único que tiene poemas escritos de su puño y letra. Los expertos diferencian dos etapas en este documento: antes y después de 1537. La mayor parte es anterior a esa fecha; fueron copiados antes de que Wyatt partiese hacia España. Los últimos poemas (incluyendo los autógrafos) se transcribieron durante su estancia en la Corte de Carlos V y tras su vuelta a Inglaterra, entre 1537 y 1542.

Varias páginas del Egerton contienen una inscripción sobre la que los estudiosos no acaban de ponerse de acuerdo: la marca Tho. Ésta aparece indistintamente en poemas escritos por dos manos diferentes: la del propio Wyatt (considerada la “mano B” del Manuscrito) y la de un escriba desconocido (la mano principal o “mano A”).

En la imagen se aprecia que el soneto "If waker care" contiene la marca "Tho" y correcciones hechas por el propio poeta en alguno de sus versos.

Hace tiempo que los expertos especulan acerca de la función de esta marca. ¿Por qué la tienen unos poemas y otros no? Una parte de la crítica considera que, mediante esta señal, Wyatt le indicaba a su secretario qué piezas debía transcribir en otro manuscrito (hoy desaparecido).  Pero la teoría más plausible es la que considera que la marca Tho se corresponde con la firma del poeta (Thomas), ya que también aparece en algunas de sus cartas. Según algunos defensores de esta tesis, la señal serviría para diferenciar la autoría de los poemas.

¿Significa eso que los poemas que no tienen la marca no pertenecen a Wyatt? Ahí está el lío. Aunque recientemente se ha puesto en duda la autoría de algunas piezas atribuidas tradicionalmente al sonetista inglés, la mayoría de los editores coinciden en que todos los poemas que aparecen en el Egerton son de Thomas Wyatt.

Lo que nos lleva, de nuevo, a la pregunta inicial sobre la función de la señal “misteriosa”.  Aunque pueda parecer poco productiva, la discusión cobra cierta importancia si tenemos en cuenta que se conservan muy pocos poemas de Wyatt que no hayan sufrido alteraciones. Conviene recordar que sus contemporáneos se empeñaron en “mejorar” el estilo del poeta (considerado demasiado directo y crudo para la época), impidiendo a los lectores de hoy en día saber cuáles eran las intenciones originales de Wyatt.

Tal vez nunca se sepa la función de la marca. Quizá no tenía ninguna. Pero a algunos nos resulta interesante especular sobre el tema.

Fuentes consultadas: “The significance of the Tho signs in Wyatt’s Egerton Manuscript”; “Are Wyatt’s poems in Egerton Ms 2711 in chronological order?”. Ambos artículos escritos por Jost Daalder para English Studies.

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